viernes, 17 de octubre de 2014

LA ÉTICA EN LA EVALUACIÓN EDUCATIVA


La educación, como elemento esencial en la vida del ser humano y en el desarrollo de los pueblos, se ha de realizar dentro de un clima pedagógico libre, afable, humanista y personalizado; en donde el dicente encuentre un lugar para su expresividad, creatividad y propicie un encuentro consigo mismo y con los demás, desarrollando así sus habilidades y actitudes dentro del marco del respeto e integridad. Así mismo la evaluación, como proceso debe regirse por la ley de la justicia, el deber y el humanismo como se ha dicho anteriormente.


Como la evaluación es un proceso que acompaña el acto educativo en todas sus etapas y niveles ha de atenderse con sumo cuidado y brindar los mecanismos adecuados y éticos para la recolección de la información y la medición de las capacidades de los dicentes. Una evaluación que no tenga en cuenta a la persona humana en su contexto y en su individualidad no es justa ni ética.


¿Pero de qué forma la evaluación puede ser justa y hasta qué punto cabe la ética en la evaluación educativa? Bien se dirá que la evaluación educativa es justa en la medida que se realiza teniendo en cuenta las diferencias individuales de cada persona, cuando atiende personalmente a las características propias del individuo o a la cultura del mismo; y es ética cuando la autoridad de los docentes sobre los dicentes no excede sus funciones normales y no se extiende a esferas de la vida del dicente que están fuera de la jurisdicción de la carrera docente.


La evaluación deberá ser siempre objetiva, en el sentido que lo que se evalué debe ser comprobable, medible y observable. Pero dicha objetividad no será en aras de sacrificar la salud emocional o psicológica del educando, sino que ha de ayudarle a valorar su esfuerzo y dedicación en la realización de las actividades y tareas educativas.


También deberá tenerse en cuenta el aspecto de la obediencia y disciplina tanto de los docentes como de los estudiantes. Formar espíritus dóciles en esta época en que la libertad personal está en boga resulta una tarea ardua, ya que la rebeldía hacia la autoridad es una actitud promovida por ciertos grupos sociales y que los niños y jóvenes aprenden fácilmente este tipo de conducta.

Una autentica evaluación es aquella que no se queda solo en lo memorístico, ya que lo memorístico no es señal de buena conducta ni de la práctica de buenos valores, es allí entonces donde entra lo actitudinal y procedimental, indagando sobre aspectos conductuales del educando, así como sus relaciones interpersonales, las habilidades y destrezas que muestra latentes y que el evaluador deberá fortalecer y potenciar.



Por lo tanto, la ética si tiene que ver en la evaluación educativa, si los docentes no se desvían del objetivo y fin primordial de la educación según lo establece cada país, y actúan como lo que son sin discriminar, sin limitar y sin causar traumas en los niños o jóvenes se podrá afirmar con toda seguridad que la educación y sobre el proceso evaluativo será un camino de crecimiento personal en todas las dimensiones, dando a la sociedad personas responsables, honestas, solidarias y con patriotismo.